Se trata de un procedimiento semi-permanente. A diferencia de la tinta de tatuaje, nuestros pigmentos están diseñados para ser absorbidos muy lentamente por el sistema inmunológico.
La duración óptima del tratamiento oscila entre los 3 y 5 años, dependiendo del metabolismo celular, la exposición solar, el tipo de piel y su cuidado.
Esta característica es una ventaja técnica, ya que nos permite adaptar el diseño (línea frontal y color) a los cambios morfológicos propios del envejecimiento natural.
Recomendamos retoques de mantenimiento cada 2–3 años para refrescar densidad y valor tonal.


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